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La Dimensión Espiritual en la relación psicoterapéutica

La Dimensión Espiritual en la relación psicoterapéutica

Marilenca Bailey Jáuregui

“Quizás una persona no tenga un alma propia,
pero solo un trozo de un alma grande   aquella
alma grande que nos pertenece a todos.” J. Steinbeck

Definiciones:

Espíritu.- El diccionario nos define espíritu como una sustancia incorpórea proveniente del Latín “espíritus” o “soplo”, e incluye a Dios, los ángeles y a el alma humana. Nosotros ampliando esta definición, incluiremos a todos los aspectos que definen al ser humano como tal, excluyendo los físicos y los psíquicos. Es también el concepto que maneja Bateson y Dossey de “mente” como diferente a materia y que responde más a las leyes de la información que a las de la energía. Es un concepto holístico que en su totalidad corresponde a Dios.

Dimensión Espiritual.- Entendemos por tal, una dimensión no corporal, no mental, no religiosa de la persona que es fuente de conexión, unidad y sentido. La búsqueda de sentido y conexión con una realidad absoluta y trascendente es una necesidad universal. La espiritualidad seria el conjunto de conceptos, actitudes y conductas que derivan de nuestra experiencia de esa dimensión. “El Cuidado Espiritual “es la ayuda que se ofrece a la persona para que mantenga el contacto con su propia dimensión espiritual (tal como la conciba la propia persona de acuerdo a sus creencias), a fin de identificar un sentido y propósito en su vida.

Espiritualidad.- Es asumir la responsabilidad por mi cambio personal. Reconocer que yo soy responsable por mi situación actual y no los demás o las circunstancias. Es relacionarse con los semejantes con una actitud y visión de hermandad, solidaridad y unidad.

Apego.- Es incapacidad de aceptación, es esclavizarse a una persona, una cosa o una idea. También es aferrarse y no fluir, exigir derechos y no aceptar ni asumir mis deberes. Apego es la consecuencia directa de los deseos egoístas que luego conducirán al miedo, a la tensión mental y a la enfermedad.

Desapegarse.- Es dejar ser, fluir con la vida, aceptar lo que no se puede cambiar y desear lo mejor para los demás. El desapego permite que fluya la energía del amor. El amor es sanador. Desapegarse de los problemas es no batallar con ellos pero mirarlos desde una perspectiva más amplia, sin condicionamientos, más libre y automáticamente estos buscarán el camino de la solución y eventualmente desaparecerán. Un problema es la diferencia entre lo que tengo y lo que deseo tener. Si no tengo deseos egoístas, todo problema desaparece.

Espiritualidad y religión.- Hay diferentes religiones para diferentes personas, pero espiritualidad es una para todos. El diferenciar a la espiritualidad de la religión es fundamental, y aunque en algunas religiones se promueva el desarrollo espiritual o mejor dicho la conciencia espiritual, usualmente estas se enfocan más en los rituales y creencias que en este desarrollo. Los factores espirituales tienen que ver más con experiencias individuales a veces compartidas y con muy poca o nula carga emocional y son parte del desarrollo más pleno del individuo.

Misticismo.- búsqueda de la realidad y verdad trascendentales. (Más allá de lo material). Trascender las dualidades incluyendo la del bien y el mal.

Posturas filosóficas

Suzuki, maestro que introdujo la disciplina Zen al occidente, alertaba acerca de tratar de explicar temas como la espiritualidad con la siguiente frase: “Los que hablan del Zen no saben, los que saben no hablan”. El peligro es caer en la superficialidad o en el atomismo que nos impida ver la totalidad, como el niño que atrapó una mosca, y le separó las alas, las patas y la cabeza. Se quedó con todas ellas, pero la mosca no aparecía por ningún lado. Lo que no había notado, era que cuando todas las partes estaban en su sitio y funcionando, eso era la mosca. Funcionaban como mosca y no podrían ser conceptualizadas como no mosca. La mosca volaba y pesar del asombro del niño, esta era solo una de sus funciones.

Así, al tratar temas como “Espiritualidad en el contexto de la terapia”, es casi inevitable caer en la tentación y peligro de desmenuzarlos a tal grado que desaparezcan en el análisis.

Esto nos hace volver a Suzuki (1960) para ilustrar y comprender algunas de las limitaciones de nuestro pensamiento, al referirse a la diferencia entre los métodos de investigación orientales en comparación de los occidentales.

La diferencia entre estas dos posturas (dual y unitaria) que describe a los métodos de conocimiento occidental científicos (pragmático), en contra del método oriental integrador (fenomenológico), llevada al ejemplo del conocimiento de una flor:

El método occidental consistiría en matar, disecar y llevar al laboratorio una gran cantidad de cadáveres (de flores) para analizar sus componentes, formas y funciones, describiendo y clasificando todas y cada una tanto en forma individual como estadística, para lograr su conocimiento”. Por otra parte, el método oriental y en especial el enfoque Zen, consiste en: “penetrar al objeto mismo y verlo como si fuera desde dentro. Conocer la flor, es convertirse en la flor, ser la flor y gozar de la luz del sol al mismo tiempo que de la lluvia. Cuando esto está hecho, la flor me habla y conozco todos sus secretos y sus gozos y sus sufrimientos; esto es, todo lo que vibra dentro de sí. No solo eso, pero con mi “conocimiento” de la flor, conozco todos los secretos del universo, que incluyen todos los secretos de mi propio ser, que ha evadido mi búsqueda hasta ahora, por el hecho de haberme dividido en una dualidad. No sorprende que nunca haya atrapado mi yo, y que desgastante fuera el juego. Ahora sin embargo, al conocer la flor, conozco mi yo al mismo tiempo que el de la flor”. (Pág. 12)

Existen tres escuelas filosóficas que toman estos aspectos en forma diferente:
Dualistas – Mente (y conciencia) separados del cuerpo.
Las otras dos consideran la mente y el cuerpo como un todo solo que en forma diferente y son las que prevalecen actualmente.
Monistas materialistas – El cuerpo es primario y la mente y la conciencia son un epifenómeno del cuerpo. Para este realismo material, estamos hechos de átomos y nuestra conciencia es un fenómeno secundario o un epifenómeno de la materia. Para ellos, solo la materia es real.

Monistas idealistas – La conciencia tiene primacía sobre el cuerpo. El monismo idealista, esta opuesto a la dualidad mente y cuerpo y afirma que tanto la materia como la conciencia y la mente existen, y la materia es manipulada por la conciencia. Esta filosofía está más en acorde con las tradiciones orientales, así como con el constructivismo social. En esta, el self es el que organiza al mundo y le da sentido a la experiencia.

En occidente ha prevalecido en monismo materialista, mientras que en oriente el monismo idealista ha prevalecido.

Hay quienes proponen que la mente y el cuerpo pertenecen a mundos separados (J. Eccles y K. Popper) Y los significados provienen de aún otro mundo más, mientras que Goswami (1995) propone una alternativa que parece prevalecer en el mundo de la física quántica y dice: “Así como la materia consiste finalmente en objetos quánticos sub-microscópicos que pueden ser llamados arquetipos de materia, asumimos que la mente consiste finalmente de arquetipos de objetos mentales quánticos que están hechos de la misma materia y obedecen las reglas de la mecánica quántica. Esto coincide con la intuición ce C. Jung de que la mente y la materia estaban hechas de lo mismo.” (Goswami, 1995, Pág. 164)

Hace ya varias décadas, Maslow (1954) formulo la idea de jerarquía de necesidades. Después de que las personas satisfacen sus necesidades básicas, como alimento, seguridad, afecto y pertenecía, surgen otras igualmente potentes aunque no jerárquicas que son las necesidades del ser o de desarrollo incluyendo lo espiritual.

Psicología Humanista

Desde el pensamiento psicológico, Maslow (1954) diferencia claramente entre estos dos aspectos del ser humano que son: el “becoming” o “siendo” y el “being” o “ser”. Ambos son aspectos esenciales de la persona, solo que uno (siendo), representa la búsqueda de satisfacción de las necesidades básicas, o sea representa un proceso direccional de atracción/rechazo, mientras que los estados del “ser”, se dan en forma no direccional; espontánea y temporalmente. Estas experiencias del ser, que Maslow llamó “cumbres”, están ligadas a estados de “sensación de presencia inmediata” y son relativamente inútiles en un mundo utilitario. Representan un estado receptivo  pasivo, que le permite al organismo una plena expresión de sus potencialidades y características individuales. Cualquier interrupción a este proceso, impide llegar a estos estados del ser. Estos nos dice Maslow, pueden darse en las artes, en la captación de la naturaleza, o en cualquier otro aspecto de la creatividad humana.

Es importante notar que este aspecto de direccionalidad a que se refiere Maslow (1954), en alguna forma corresponde a la dualidad descrita por Suzuki (1960). Mientras que los momentos cumbre se dan cuando la persona logra la unidad y el contacto con lo que llamamos espíritu o espiritualidad, y desaparece la dualidad o direccionalidad y búsqueda consciente. Este concepto de direccionalidad es la eterna paradoja del Zen, cuyo estado puro surge cuando no se está buscando activamente (frecuentemente cuando se está a punto de abandonar la lucha), y sin embargo, no se da si la persona no pone las condiciones para que se dé, incluyendo una rígida disciplina y muchas horas de esfuerzo.

Tres Dias Más.

Un discípulo de Suiwo llegó del sur de Japón a pedir instrucción en Zen. Suiwo le dio el problema: “Escucha el sonido de una mano”. El discípulo trabajó durante tres años, pero no pudo pasar la prueba. Una noche llego bañado en lágrimas con Suiwo “Debo de regresar al sur en pena y vergüenza” le dijo, “pues no puedo resolver mi problema”.

“Espera una semana más y medita constantemente” le aconsejó Suiwo. Pero aún no lograba la iluminación. “Trata por otra semana” dijo Suiwo. El discípulo obedecía pero en vano.
Aún otra semana más, pero todo en vano. El discípulo suplicaba que lo dejase ir, pero Suiwo solicitó otra meditación de cinco días. Estos pasaron sin resultado. Entonces Suiwo le dijo: Medita por tres días más, y si no logras la iluminación, mejor te matas”. En el segundo día el discípulo logró la iluminación.

¿Creencias o realidad?

El peligro, estriba en valorar o adherirse a la creencia de que las necesidades básicas son de mayor jerarquía que las del ser y establecerlas como metas sin final que hace que se convierten en la dirección y sentido de la búsqueda de las personas. Esto da por resultado lo que en nuestra cultura estamos viviendo actualmente como una pérdida de valores y casi total abandono de los aspectos espirituales del desarrollo humano con sus compensaciones concomitantes “el fingir y el comprar”. (Bailey, 2015)

La mayoría de los occidentales nos encontramos en una confusión entre estas dos actitudes filosóficas, por un lado nos comportamos como ávidos consumidores y por otro nos despreciamos a nosotros mismos por hacerlo, descuidando muestro aspecto espiritual o cayendo en fundamentalismos alejados del propio aspecto espiritual.

¿Cómo hemos llegado a este punto? La respuesta parece estar en una no cuestionada aceptación del materialismo como único punto de vista científico de nuestra realidad.

Un cuento puede ilustrar esta postura:

Un cliente de una tienda de instrumentos encontró un aparato que le pareció interesante y lo llevo con el dueño y le preguntó para que servía. El dueño le dijo es un barómetro y sirve para decirle si lloverá.

Y ¿Cómo funciona? El dueño no queriendo parecer ignorante y perder la venta, como no sabía le dijo: “lo sacas por la ventana y si esta mojado o húmedo está lloviendo o lloverá”.
El cliente le dijo “Eso mismo lo puedo hacer sacando la mano”
“Claro” respondió el dueño. “Pero eso no sería científico, amigo”.

Dos de los principios básicos de la física quántica que se aplican al tema que estamos tratando, son los de complementariedad (principio de Bohr) y de no localidad. Estos principios que son atributos de las partículas quánticas nos dicen que en un momento determinado depende del observador determinar si su propiedad corresponde a una partícula o a una onda. Esto es: pueden comportarse como ambas y depende del método de observación será el resultado. El segundo el de no localidad, significa que hay una comunicación instantánea sin intercambio de señales a través del espacio-tiempo. (Aparecen en dos lugares separados simultáneamente).

Un ejemplo clásico de cómo nuestra observación determina el objeto puede ser mostrado por la siguiente imagen:

Aunque no es el propósito de este trabajo de resolver este conflicto filosófico, (monismo materialista vs. monismo idealista), es evidente que el cuestionamiento de estos aspectos nos coloca dentro del campo del monismo idealista en el sentido de que se acepta la posibilidad de que los aspectos espirituales entren dentro del campo de estudio de las ciencias humanas.

Uno de los temas que más han atraído a los místicos, es la sensación de separación que nos proporciona el self. Los místicos insisten en que esto es tan solo una ilusión, y todos estamos interconectados a una gran conciencia universal. Aún, los objetos (materiales) y la imagen del objeto en la mente, ambos son aspectos de la conciencia.

Desde el punto de vista científico, los físicos quánticos han estado aproximándose a temas que estaban reservados a los filósofos y en especial a los místicos.

Algunos de ellos que han incursionado en el campo de la filosofía, basándose en los estudios acerca del comportamiento de las partículas y de las ondas, han llegado a la conclusión que la percepción influye determinantemente en el fenómeno que se pretende identificar. Esto los ha llevado a la convicción de que existe la posibilidad de una coexistencia de realidades diferentes que requieren de una percepción no convencional para poder tener acceso a ellas.

En palabras de C. Blood: “Esto nos hace pensar dice que debe de existir más allá de la duda una existencia no física en vez de una sola que es la que percibimos. Lo cual a su vez implica que, además de la existencia de un cuerpo y una mente física hay una Mente no física (alma en lenguaje usual). La Mente en conjunto con la mente y cuerpo físicos son los que permiten el uso inteligente de los pensamientos y las opciones.” (2001 Pág. 25-26).

Esta Mente no-material (utiliza mayúsculas para diferenciar de la mente material como función del cerebro), es la fuente de la libertad de opción y espiritualidad. Esta Mente es la que genera en las personas los pensamientos que lo llevan a actuar, tomar decisiones, a la creatividad, a la búsqueda de sentido, etc. puede ser llamada Alma, Espíritu y es la conexión con la Mente universal o Dios.

El aspecto no físico de la Mente, es la que nos proporciona la información que percibimos y que después es procesada por nuestra mente. Esto es tanto del mundo externo como el interno. Las sensaciones y percepciones son recibidas y nuestra mente selecciona hacia donde dirigimos nuestra conciencia. Es la Mente no física la que proporciona posibilidad de contacto no local y de los procesos que llamamos espirituales.

Obviamente el mundo que nos rodea es físico, así como la mayoría de nuestros pensamientos y emociones, ya que estos corresponden a patrones de interacción neuronal en nuestro cerebro físico. Por otra parte, nuestra elección consciente de pensamientos y acciones es no física y corresponde a lo que llama Mente.

Solo percibimos es una trillonésima parte de la energía que nos impacta. Hay una inmensa cantidad de información constante que no captamos: infrarroja, ultravioleta, sonidos que las aves escuchan, etc. Todo lo que estamos describiendo, a su vez ya ha sido reducido por esa “válvula” reductora que son nuestros sentidos, por lo que prácticamente no tenemos una idea de lo que está allá afuera. (Ornstein, 2008)

Estamos en un momento histórico en que se está acercando el mundo del místico con el del científico. Los lenguajes son diferentes, y ambos están manejando aspectos de los cuales no podemos tener certidumbre. De algo que va más allá de la percepción ordinaria, en algo que podemos considerar no físico y que interconecta a todo el universo y que puede ser percibido por el camino de desarrollo de las tradiciones místicas o por el pensamiento inferencial del científico quántico.

Hay algunos puntos interesantes que aprender de esta convergencia entre el misticismo y la nueva física. La naturaleza de la realidad última, trasciende al lenguaje. Una y otra vez, las paradojas de las nuevas ciencias nos revelan esto. La complementariedad de las partículas/ondas, las múltiples posibilidades e incertidumbre de la los principios quánticos, la naturaleza real e irreal de los universos, todos trascienden al lenguaje. Esto es porque el lenguaje está basado en la discriminación y la discriminación son significados. La mente del observador-participante es donde se construye la información por y a través de sus programas propios, sus reglas de percepción y sus propios procesos lógicos y cognitivo, esto es, su propio meta programa o creencias, determinarán sus percepciones y en nuestro caso su actitud ante la terapia y a la enfermedad.

Aspectos prácticos

Los aspectos espirituales en el tratamiento, incluyen: sentido de dirección en la vida, significados y propósito de la misma, sentido de conexión con los otros y con Dios o un orden o poder superior, clarificación de lo verdaderamente vital y lo trivial de la vida, reducción de sentimientos hostiles contra de si mismos y los demás, focalizar en amor, compasión y perdón. Aunque estos temas no siempre son considerados espirituales, sino axiológicos y relacionados a la filosofía de cada persona, su relevancia espiritual es evidente.

Estas reflexiones nos llevan a la consideración de que uno de los factores fundamentales en la relación terapéutica es otro constructo que llamamos “actitud” (Freidberg 1990, 1990ª, 1991, 2000) y que tiene que ver con lo que Rogers (1957) llamó congruencia. A nuestro juicio, esta actitud en el ámbito de la espiritualidad, incluye otros elementos como los de la consideración del efecto de los pensamientos y sentimientos del terapeuta hacia el cliente aún en momentos en los que no están en presencia directa uno con otro.

El ejemplo que nos proporciona Bateson, arguyendo en contra de la postura pragmática de algunas escuelas de terapia. Ilustra este concepto, diciendo que: “demasiada conciencia puede cegar al terapeuta de conexiones ecológicas, bloqueando la secuencia que se desea en los eventos, y proponía una posición estética que tiene que ver más con una actitud y desarrollo del terapeuta. Como ejemplo utiliza la metáfora del antiguo marinero que ha sufrido una maldición por haber matado a un albatros. Sus compañeros para castigarlo, le pusieron al pájaro alrededor del cuello. Cuando el barco nuevamente navega en calma, todos mueren de sed salvo el antiguo marinero, quien queda solo en un barco en mares serenos. Y es únicamente cuando “sin darse cuenta al sentirse perdido” bendice a unas víboras de mar, que se le cae el albatros del cuello”. Bateson observa que quizás los resultados no hubieran sido los mismos de haber decidido bendecir a las víboras a propósito para lograr este resultado”. (Citado por L Hoffman. (1989).

Como cualquier otro de los constructos propuestos, esta actitud tiene que ser “genuina” y aunque pueda ser aprendida cognoscitivamente, tiene que convertirse en parte del individuo para que opere en la relación terapéutica, ya que de otra manera se percibirá como falsa y con poco o nulo efecto.

La concepción y puesta en práctica de estos pensamientos, nos conduce a la posibilidad de establecer con el otro la apertura hacia un nivel de empatía que permite la percepción de lo no separación y comprenderlo desde su punto de vista, lo que implica una ampliación de nuestra experiencia del otro, es decir, repitiendo al maestro Suzuki (1960) “convertirnos en el otro para conocerlo, al mismo tiempo que nos conocemos a nosotros y al universo”.

Este nivel de empatía (o relación transpersonal como se le ha llamado recientemente), es evidente que nos conduce, no algo que tengamos que hacer, sino a una actitud ante la vida, en la misma forma en que compartimos con Rogers, que la tendencia hacia el desarrollo de las personas siempre está presente y se manifiesta cuando se dan lo que llamó las “condiciones necesarias y suficientes” (1957) y que al tenerlas presentes es más probable que se promueva como parte de la relación terapéutica.

Como hemos sido condicionados por nuestra educación y cultura hacia el punto de vista material y dual, para entrar en contacto con este todo, Mente Universal o Dios, parte del proceso consiste en un descondicionamiento perceptual y cognoscitivo por medio de prácticas como la meditación , la oración, la reflexión, utilización de cuentos enseñanza, koans, parábolas, etc., así como el de entrar en un proceso de cuestionamiento continuo de nuestras creencias.

La plena aceptación de estas premisas, nos lleva invariablemente a la ya famosa frase de Oetinger: Dios, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que si puedo cambiar, y sabiduría para diferenciar. (Circa, 1750)

Esto especialmente en relación a la sumisión a un poder más elevado: “La sabiduría consiste en ver que no hay nada que buscar. Si vives con una persona difícil, esto es el nirvana. Perfecto. Si te encuentras mal, es también. Esto no quiere decir que hay que mantenerse pasivos, no tomar acciones para modificarlo; pues eso sería tratar al nirvana como un estado fijo. Nunca es fijo, siempre esta cambiando. No hay una implicación del “hacer nada”. Pero las acciones que surgen de esta comprensión están libres de enojo y juicio. No hay expectativas, solamente acción pura y compasiva”. (Beck, 1989, Pág. 150)

Esto a su vez tiene que ver con el tipo de oración que podemos utilizar: En estudios empíricos, se ha encontrado que la oración sentida o la sumisión espiritual tiene un efecto sobre los procesos de manejo de situaciones especialmente difíciles como la enfermedad crónica y la muerte, comparado con la oración petitoria o la reflexiva. Bradden nos proporciona una comparación de estos dos tipos de oración. (Cole B. y Pargament K., 1999).
La decisión es nuestra.

¿Será una bendición, será una maldición? Solo Dios sabe.
Había una vez un campesino que vivía con su mujer y su hijo en una pequeña casa, comían de lo que daba la tierra, un pequeño trozo de tierra, que araba con la ayuda de un caballo. Así transcurría su existencia, hasta que un día el caballo escuchando la llamada de la vida, entro en celo y desapareció. Al enterarse los vecinos de lo que le había pasado al campesino le fueron a expresar sus condolencias diciéndole la mala suerte que había tenido, pero el campesino parecía no estar muy afectado por el hecho y les contestó: “¿Será una bendición, será una maldición? Solo Dios sabe”.

Al cabo de dos meses regresó el caballo y traía una yegua con él. Los vecinos cuando se enteraron fueron a felicitarlo por su buena suerte, pero otra vez el campesino se limito a decirles: “¿Será una bendición, será una maldición? Solo Dios sabe”.

La yegua estaba preñada y al cabo de un tiempo tuvo dos potrillos que pronto crecieron, y los vecinos fueron a expresarle la buena suerte que había tenido el campesino, pero este se limitó a decir: “¿Será una bendición, será una maldición? Solo Dios sabe”.

Al poco tiempo, al hijo de este hombre se le ocurrió domar a uno de los potrillos y, al montarlo, este lo tiró y le rompió una pierna, los vecinos al enterarse de la noticia fueron a expresarle su mala fortuna por lo sucedido, ya que su hijo era un apoyo importante para trabajar la tierra, y una vez más el campesino se limitó a decir: “¿Será una bendición, será una maldición? Solo Dios sabe”.

Se declaró una guerra entre el país del campesino y un país vecino y el rey mandó a sus oficiales para que reclutaran a todos los jóvenes aptos para la guerra, naturalmente cuando pasaron por el pueblo donde vivía nuestro campesino no se llevaron a su hijo, porque tenía la pierna rota, mientras que los hijos de los vecinos fueron reclutados. Estos fueron a expresarle la buena suerte que el campesino había tenido por este acontecimiento tan oportuno, pero una vez más, el campesino se limitó a decir: “¿Será una bendición, será una maldición? Solo Dios sabe”.

 

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