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La sociedad mexicana contemporánea, una sociedad esquizoide

La sociedad mexicana contemporánea, una sociedad esquizoide

María Ordóñez Cruickshank

Actualmente, la sociedad dista mucho de tener una relación sana consigo misma, diferentes autores de diversos campos de estudio han recalcado el estado esquizofrénico que parece profundizarse cada vez más y con mayor ahínco en lo profundo de nuestra convivencia colectiva.

José Saramago comentó que vivimos en una sociedad esquizofrénica que ha preferido la barbarie a la belleza; […] Gilles Lipovetsky también afirmó que vivimos en una sociedad esquizofrénica” (Losada, 2016, p. 26). Asimismo, Peter Sloterdjik en su libro Crítica de la razón cínica (2011) sostiene a lo largo de la obra la siguiente tesis: la civilización occidental, adoptando una actitud cínica, huye del derrumbe que sobreviene y prefiere disfrutar de sus últimos privilegios, antes que afrontar el problema que subyace a su decaimiento. De este modo, dicha huida ocurre de manera esquizoide pues se disocia de su realidad.

Alexander Lowen en La traición al cuerpo (1979) nos dice que “desde el punto de vista psicológico, el término ‘esquizoide’ es usado para describir un comportamiento que cualitativamente se asemeja a la esquizofrenia” (p. 42), así entiendo yo los postulados de los autores citados anteriormente, pues si bien hay una disociación de la realidad en las sociedades actuales me parece que aún no llega a ser absoluta.

En este trabajo me gustaría postular que la sociedad contemporánea, específicamente la mexicana, posee rasgos esquizoides desde la visión psicológica y corporal. Lowen hace la siguiente diferencia: “El término esquizoide posee dos significados. Denota: (1) una tendencia del individuo a retraerse de la realidad; (2) una escisión en la unidad de la personalidad […] En el individuo sano, la personalidad esta unificada y en contacto total con la realidad. En la esquizofrenia la personalidad está dividida y retraída de la misma. Entre ambos polos existe una amplia gama de estados esquizoides en los cuales el retraimiento de la realidad se manifiesta por medio de algún grado de alimentación emocional y la unidad de la personalidad se mantiene a través del poder del pensamiento racional” (1979, p.42).

La psicología del esquizoide está relacionada con su falta de identidad. Como postuló Lowen, al no saber quién es ni lo que quiere, el individuo esquizoide se retrae a un mundo de fantasía y se desliga de las otras personas, o interpreta un papel que aparentemente puede encuadrarlo en la vida normal. Así, continúa nuestro autor, “si se retrae, predominarán síntomas de timidez, aislamiento, sospecha e irrealidad; si interpreta un papel, los síntomas relevantes serán las tendencias a negar y distorsionar, tener sensibilidad a las críticas, sentimientos de inferioridad, y quejas de vacío y falta de satisfacción”(1979, p. 43).

En la sociedad mexicana hay una combinación de ambas actitudes, aunque parecería que predomina una tendencia a interpretar un papel ¬¬¬—difícilmente dilucidable— que conlleva todos los síntomas anexos a esta pose. No obstante, al tener la sociedad mexicana una cultura tan profundamente arraigada, ¿cómo es posible que tengamos problemas de identidad? Esto, me parece, es una cuestión vinculada a la historia del país, que se exacerbó con las políticas neoliberales y que culminó con el salinismo.

Anterior a esta época, México había sido educado siguiendo el programa educativo vasconcelista, el cual, entre otras cosas, colocaba a la cultura como un factor de liberación y dignificación de la persona, así como también resaltaba la conciencia de nuestra identidad mestiza, la afirmación de nuestra vocación latinoamericana, “se pronunciaba en contra del capital foráneo y hacía una defensa implícita del desarrollo del capitalismo nacional” (López, 2005, p. 161). De este modo nosotros éramos nosotros por no ser el otro.

Ahora bien, con el culmen neoliberal que significó el gobierno de Salinas de Gortari, justamente aquello que era lo otro, entiéndase la sociedad estadounidense, resultó ser aquello a lo que debíamos aspirar a ser. Esto provocó entonces una desestabilidad social desde el punto de vista cultural y político que hoy en día enfatiza aún más el rechazo del mexicano por lo propio y aumenta el sentimiento de inferioridad ante lo extranjero.
¿Cuántas veces no se ha escuchado que algo es de mejor calidad porque proviene de Estados Unidos o de Europa, o cuántas veces no hemos visto a mujeres de tez morena con el cabello teñido de rubio y pupilentes azules o verdes? Tan sólo tenemos que observar la televisión nacional donde prácticamente el 80 % de los presentadores y actores de telenovelas son blancos, rubios y pudientes. Algo muy alejado de la realidad nacional.

Asimismo, históricamente podemos ir aún más lejos en la explicación de este esquizoidismo. En El perfil del hombre y cultura en México (2011) Samuel Ramos habla acerca de una tendencia autodenigratoria que han tenido las culturas mestizas, en específico la mexicana: “Los pueblos hispanoamericanos han sufrido la consecuencia de la tesis autodenigratoria sostenida constantemente durante un siglo, hasta formar el arraigado sentimiento de inferioridad étnica” (citado en Ramos, 2011, p. 21). Por lo tanto, la sociedad, el gobierno, la patria —esquizoide ella a su vez— parece haber adoptado el papel de una madre esquizoidante, la cual rechaza a sus hijos simplemente por haber nacido mexicanos e incluso, en su faz más oscura, amenaza su vitalidad. Muchas veces los movimientos que han existido en pro de un cambio favorable han sido apagados por medio de la violencia y la muerte y así, el principio de placer y satisfacción de la sociedad se ven apagados. En diferentes ocasiones hemos oído la alegoría de los cangrejos mexicanos amontonados en una cubeta (cuya tapa no es necesario colocar, ya que ellos, al ver que uno intenta subir, es jalado por los demás) y hemos sido víctimas de esta costumbre social. Así como “la persona esquizoide se vuelve temerosa de las exigencias de vida que puedan conducir al placer y a la satisfacción” —pues “el acto de abrirse al mundo evoca una vaga sensación de terror” (Lowen, 1967, p. 50)— el mexicano se vuelve temeroso de luchar por lo que quiere y de quejarse ante aquello que no le parece.

Ahora bien, esta sensación de falta de protección del vientre de la sociedad e incluso de hostilidad de la misma, sobrepasa la mera alegoría y se manifiesta en los incontables feminicidios que azotan al país. El esquizoide suele tener una “ira reprimida en su personalidad; esta ira ocasionalmente irrumpe bajo una forma demoniaca, que se manifiesta a través de un impulso destructivo e irreprimible […], el terror y la ira surgen en la personalidad a través de la experiencia del rechazo parental” (Lowen, 1979, p. 137). De la misma manera, la ira reprimida en contra de una sociedad que no acoge al individuo termina por extrapolarse hacia la mujer, símbolo de la madre protectora. No hace falta ser expertos en el tema para notar cómo la sociedad mexicana muestra sin duda una actitud esquizoide con respecto a ella. Por un lado solemos colocarla en un pedestal como madre cuasi-virgen y, sin embargo, “63 de cada 100 mujeres de 15 años y más, residentes en el país han experimentado al menos un acto de violencia de cualquier tipo, ya sea física, sexual, económica […]” (Reyna, 2015) .

Estos aspectos esquizoides no sólo se manifiestan en la psicología sino también en el cuerpo social mexicano desde el punto de vista económico y político-cultural. El cuerpo del esquizoide se caracteriza entre otras cosas por la falta de armonía en sus proporciones así como en sus movimientos. En el cuerpo mexicano podemos notar la increíble desproporción existente en la repartición de riquezas que atacan la armonía del país. México tiene 4 millonarios en la lista de los 100 hombres más ricos del mundo según datos de la revista Forbes del 16 de marzo de 2012 (Sigler, 2012) y, sin embargo, como mencionamos anteriormente, más de la mitad de la población es pobre o se encuentra en estado de pobreza extrema. Por otra parte la misma falta de armonía se evidencia en la falta de un proyecto político común que cohesione a la sociedad, utilizando una frase ya típica entre nosotros, cada quien jala agua para su molino, como un títere cuyos miembros no tienen gracilidad y parecen ir en diferentes direcciones.

Aún así, a pesar de toda esta exposición donde comparo a mi país con el lado “negativo” del esquizoide, y quizás adoptando yo misma una actitud esquizoide, no puedo evitar sentirme orgullosa por ser mexicana.

Como he dicho más arriba, México manifiesta en mayor medida su condición esquizoide interpretando un papel, que a su vez conlleva no sólo los sentimientos de inferioridad sino también los de negar y distorsionar. Volviendo a los medios de comunicación, somos bombardeados constantemente con noticias que vemos y exportamos donde se muestra una realidad francamente distorsionada. Desde hace más de 10 años señalan que México se encuentra sumido en una guerra contra el narcotráfico, donde la violencia en las calles hace de nuestro país un lugar inhabitable. Sin embargo, en 2015 este país ocupó la 10ª posición en el turismo mundial.

Esto significa que los extranjeros están viendo algo que el grueso de la población no. Sería un error y de una ingenuidad increíble creer que vivimos en un país color de rosa donde esto no sucede, no obstante lo cual, sí me parece que han puesto en alta voz esta parte desafortunada de nuestra vida cotidiana y han dejado sin voz otros aspectos mucho más favorables de la misma.

Por ejemplo, en un estudio que abarcó 156 países, la ONU ubicó a México en el lugar 21 entre los países más felices del mundo (Jornada, 2016). Lo que una vez más, adoptando una actitud esquizoide, me hace sospechar que algo no está bien y no puedo evitar pensar en las palabras de Sloterdjik quien nos dice que: “En la sociedad esquizoide los individuos muchas veces apenas son capaces de distinguir cuándo efectivamente siguen sus propios y reales intereses de vida y cuándo se convierten ellos mismos en parte integrante de una maquinaria militar y estatal defensiva y destructiva” (2011, p. 314).

Así pues, concluyo con una exhortación a salir de esta maquinaria, cuyos propósitos resultan invisibles. Abramos los ojos a nuestra realidad, exijamos una mejor sociedad y apreciemos todas aquellas particularidades que nos hacen ser lo que somos. Una manera para lograr esto es escapar de la vorágine cotidiana, abrir un espacio para escucharnos a nosotros mismos y de esta manera reconocer nuestra propia voz, en resumen, atrevernos a echarnos ese clavado tan necesario hacia nuestro propio interior.

Referencias

López, V. (2005). La formación del sistema político mexicano. México: Siglo XXI
Losada, S. (2016). La sociedad enferma y demente. Recuperado de https://books.google.com.mx/books?isbn=8468657484
Lowen, A. (1979). O corpo traído. Sao Paulo, Brasil: Summus editorial.
Ramos, S. (2011). El perfil del hombre y la cultura mexicana. México: Editorial Planeta Mexicana S.A de C.V.
Reyna, J. ( 24 de noviembre de 2015).“En México la violencia contra las mujeres es ‘patrón generalizado’ en La Jornada. Recuperado de http://www.jornada.unam.mx/2015/11/24/politica/017n1pol
S/A. (16 de abril de 2016). Mexico, lugar 21 entre los países más felices del mundo. La Jornada. Recuperado de http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/03/16/mexico-lugar-21-entre-los-paises-mas-felices-del-mundo-6878.html
Sigler, E. (6 de abril de 2012). Slim el más rico en 2012 según Forbes. Expansión en alianza con CNN. Recuperado de http://expansion.mx/negocios/2012/03/06/carlos-slim-reina-de-nuevo-en-forbes
Sloterdjik, P. (2011). Crítica de la razón cínica. Madrid, España: Siruela.

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