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Desarrollo Humano Holístico Una visión integral del proceso evolutivo

Desarrollo Humano Holístico Una visión integral del proceso evolutivo

Ana María González

Introducción.

Recuerdo con gratitud y una agradable nostalgia aquel evento organizado por Carl R. Rogers, en los albores de los años ochenta, titulado The Ongoing Learning Program (Programa de Aprendizaje Continuo), celebrado en la Universidad de la Jolla, California al que Carl, personalmente, invitó a un grupo de profesionales relacionados con el Enfoque Centrado en la Persona. El objetivo de aquella reunión de aproximadamente cien personas era compartir las diversas aplicaciones que se habían venido generando a partir del enfoque creado por Rogers a finales de los años cincuenta, así como plantear una visión a futuro. Se formaron pequeños grupos a partir de intereses comunes que, entre los más relevantes, se encontraban: la educación, la psicoterapia, el trabajo comunitario, las relaciones interpersonales y la intervención en grupos interculturales, entre otros. Por la noche se celebraban sesiones plenarias en las que los grupos compartían sus conclusiones y propuestas. El aprendizaje y la amplitud de horizontes que estas sesiones nos aportaron fueron de una riqueza incalculable. Personalmente, una de las cosas que me permitieron comprobar la congruencia y apertura de Carl fue su respuesta ante la propuesta de uno de los grupos que no sólo le pedían sino que le exigían la creación de una escuela rogeriana. Ante esta demanda Carl se opuso rotundamente diciendo que esto iba totalmente en contra de la propuesta centrada en la persona que se caracteriza por la apertura al diálogo, al cambio, a la experiencia y al encuentro. Esto provocó una reacción violenta por parte de algunos de los participantes a quienes Carl amablemente les explicó la razón de su respuesta, con los siguientes argumentos: (a) Cuando una persona crea “su escuela” los seguidores y discípulos se encuentran sujetos a los principios, propuestas, teorías y conceptos del maestro al grado de que si alguno de los discípulos o seguidores disiente de su opinión automáticamente se le excluye. (b) El ser humano, al igual que la ciencia y la tecnología se encuentran en constante evolución por lo que no pueden quedar limitados a una escuela de pensamiento. (c) Cuando el maestro –creador de la escuela- muere, su pensamiento y su propuesta se estanca.

Como sabemos, Carl Rogers origina el “enfoque centrado en la persona” y, al hacerlo sienta las bases de la corriente humanista o tercera fuerza de la psicología contemporánea que nace en Norteamérica a finales de los años cincuenta. Una de sus principales características es que no forma una escuela de pensamiento o

sistema cerrado, como las dos fuerzas de la psicología que le anteceden1, debido,

principalmente, a que se encuentra integrada por un número amplio de teorías que, a pesar de mostrar algunas diferencias, éstas resultan mínimas en comparación

                                                                                                              

1 Cronológicamente hablando, la primera fuerza corresponde al psicoanálisis freudiano (1900) y la segunda al conductismo de J.B. Watson (1913) y B.F. Skinner (1948).

con las propuestas y principios que comparten (González Garza, 2005). La apertura, propia de la psicología humanista, ha hecho posible el surgimiento de aplicaciones no sólo en el campo de la psicología sino de otras áreas interesadas en el estudio, investigación y comprensión del fenómeno humano y su proceso evolutivo.

A lo largo de seis años, tuve la oportunidad de participar en diversos eventos organizados por el Centro de Estudios para la Persona2 fundado y presidido por Carl Rogers hasta su muerte en febrero de 1987. Estas experiencias que anualmente reunían a más de cien personas provenientes de Europa, Asia y

América constituían un verdadero laboratorio de procesos de aprendizaje intra e interpersonales. En cada uno de estos eventos comunitarios se iban conformando y ampliando los horizontes del enfoque centrado en la persona trascendiendo la frontera de la psicoterapia hacia otros campos de acción y aplicación, tales como: la filosofía, la sociología, la educación, los grupos de encuentro, las organizaciones, los procesos individuales, familiares, sociales, interculturales y políticos que, a juicio personal, hoy en día conforman el movimiento de desarrollo humano fundado por Juan Lafarga, Alberto Segrera y José Gómez del Campo hace casi cincuenta años.

 

Vivimos en un mundo que se encuentra en una constante transformación que naturalmente nos lleva no sólo a experimentar sino a celebrar la diversidad que nos enriquece. Esto implica: aprender de las singularidades, tanto individuales como sociales y culturales, apreciar la contribución de diversas tradiciones, culturas y creencias y dialogar sobre los retos que nuestro ser, estar y quehacer personal, social, comunitario y universal enfrenta en el aquí y ahora. Cobrar consciencia de los cambios globales conduce a la sociedad moderna a nuevas formas de interacción y nuevos enfoques, así como a respetar la idiosincrasia de pueblos y grupos, es decir, aceptar, integrar y trascender sus códigos, valores, creencias y comportamientos.

A partir de esta óptica, así como al estudio, investigación y quehacer profesional que a largo de más de treinta años he venido realizando en el campo de la educación, he llegado a la conclusión que hoy en día no es posible hablar de desarrollo humano si no lo hacemos desde una perspectiva holística.

¿Qué es el holismo?

El término holismo se deriva vocablo griego holos que significa entero, completo, todo o totalidad y se refiere también a lo íntegro y organizado. El enfoque holístico sostiene que todo en el universo es un holón, es decir una totalidad, en sí mismo que forma parte de otra más amplia y evolucionada a la que se integra y con la que interactúa. Un ejemplo muy sencillo que nos permite comprender el significado de una totalidad-parte es el análisis de un texto en el que el holón primario es una letra que, al integrarse a otras de manera organizada, forma una palabra, ésta a su vez se integra a una frase que al unirse a otras desarrolla ya sea una poesía, un

                                                                                                              

2 The Center for Studies of the Person (CSP).

artículo, un capítulo, un libro o el conjunto de volúmenes que se encuentran en una biblioteca.

Algunos patrones que nos permiten comprender la visión integradora del pensamiento holístico en sus múltiples manifestaciones y procesos continuos, dinámicos e interactivos son: (a) la materia -fiosfera o esfera de la física- que, analizada a nivel microscópico, resulta de la agrupación de los siguientes holones: las partículas subatómicas elementales que al unirse dan origen a los átomos y éstos a su vez conforman las moléculas; (b) la vida -biosfera o esfera de la vida- que emerge a partir de la agrupación de moléculas que dan origen a organismos vivos, desde los unicelulares más diminutos, primitivos y arcaicos hasta las especies vegetales y animales y (c) la noosfera -esfera de la inteligencia, el conocimiento y el pensamiento-, a la que Teilhard de Chardin (1967) se refiere como la envoltura pensante de la Tierra y constituye la fase en la que la conciencia cobra consciencia. Esto significa que el ser humano a lo largo de su proceso de desarrollo, tiende naturalmente a darse cuenta, es decir, a ser consciente de su ser (self o sí mismo personal), de su estar y de su actuar en el mundo, así como de su potencial para ir más allá de las fronteras de las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual que conforman su naturaleza. Cabe señalar que en este contexto la espiritualidad se contempla como la capacidad trascendente propia de todo ser humano independientemente de sus creencias y diferencias individuales.

Así contemplada la visión holística constituye un nuevo paradigma ontológico y epistemológico que concibe la realidad como una totalidad, y propone la integración armónica de ésta en cuatro dimensiones o niveles: físico, biológico, psicológico y espiritual o trascendente. Desde esta óptica, la materia, la vida y la conciencia se conciben como holones, es decir, totalidades-parte consistentes y complementarias que se integran al interior de un proceso dinámico e interdependiente cada vez más complejo y consciente. De aquí se desprende la tesis que sostiene que no existe totalidad alguna que no forme parte de otra más amplia y evolucionada.

El pensamiento holístico se encuentra presente en el devenir del pensamiento universal en todas las etapas evolutivas que incluyen los procesos físicos, cognitivos, relacionales e interactivos en contextos diversos en los cuales los eventos ocurren en un determinado espacio-tiempo. En toda civilización se encuentran mitos y leyendas cuya tendencia se dirige a la totalidad. Bastaría con estudiar las diversas culturas, la cosmogonía, el origen y nacimiento de los dioses de antiguas civilizaciones como la egipcia, la griega, la babilónica, la brahamánica, la incaica y la azteca, entre otras muchas, para comprobar la tendencia natural del ser humano hacia la comprensión de la totalidad.

Principios Holísticos y Desarrollo Humano.

  • Principio de Unidad. Sostiene que la realidad es una, se expresa y manifiesta a través de infinidad de formas y maneras. Tales de Mileto (630-

545 a.C.), fundador de la filosofía griega, plantea la existencia de una sola

materia prima de la que surgen todas las cosas. Este pensador concibe la noción de la unidad en la diversidad. Siglos más tarde, Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), sacerdote Jesuita, teólogo y paleontólogo, habla de la Unidad en la Multiplicidad al contemplar al Universo como una Totalidad conformada por infinidad de elementos que, al compartir características y capacidades fundamentales, se agrupan dando así origen a la diversidad de cosas y seres vivos que existen en la Tierra.

De aquí se desprende que Teilhard (1967) se refiera al ser humano como un ser en proceso que experimenta una gran pasión por crecer, un hambre insaciable por saber, por hacer, una sed infinita de eternidad, de plenitud y un profundo deseo por completarse por medio de algo que sea todo. Considera que el ser humano se desarrolla como la rama principal del árbol de la vida terrestre por lo que se constituye, a la vez, como centro de perspectiva y elemento de estabilización, de construcción del Universo. De aquí se desprende la tesis que sostiene que la trascendencia del ser humano se encuentra dialécticamente ligada a su inserción en el universo, razón por la cual, como microcosmos, se encuentra en correspondencia y en resonancia con el cosmos entero.

  • Principio de Unicidad. Se refiere a la singularidad, la peculiaridad y la autenticidad propia de todos los objetos, seres vivos y personas, así como de todas las situaciones y contextos. Platón (428-348 a.C.) plantea la tesis sobre el dualismo ontológico que propone dos tipos de realidad (a) el mundo sensible y (b) el mundo inmaterial de las ideas en el que la Unidad se hace posible. Aristóteles (384-322 a.C.), si bien rechaza la propuesta de Platón (su maestro) sobre estas dos dimensiones constituyentes de la realidad, coincide con la tesis de la Unidad como Totalidad de la que emerge la multiplicidad de todas las manifestaciones.

Desde la perspectiva del Desarrollo Humano este principio constituye uno de sus fundamentos básicos: el ser humano, único, indivisible e insustituible, evoluciona, a lo largo del proceso de desarrollo al que llamamos vida, al integrar el mundo de lo sensible de la existencia biológica (cuerpo) con el ser psicológico (cerebro) y la conciencia (sustancia inmaterial) que es la que le otorga la dimensión propiamente humana y espiritual.

  • Principio de Identidad. Se desarrolla a partir de los procesos de interacción dinámica con otros seres y/o eventos. Esto significa que si bien cada totalidad-parte (holón) es lo que es, su desarrollo es posible en la medida en que se relaciona e interactúa con otras totalidades-parte. Si bien este principio se refiere a todas las cosas y seres que existen sobre el planeta, cuando nos referimos al ser humano, su proceso evolutivo implica necesariamente la interacción dinámica con las cosas, los seres vivos, los eventos y las circunstancias.

El ser humano, como totalidad-parte, en su unicidad y singularidad es idéntico a sí mismo. Esto significa que a pesar de los cambios y transformaciones que va experimentando a lo largo de su vida en su interacción con el mundo y la realidad que le circunda, su esencia permanece intacta.

  • Principio de Universalidad. El universo se entreteje en múltiples relaciones que como hilos invisibles se entrelazan en una sucesión de realidades que se generan a partir de otras en un proceso ininterrumpido y transformador en el que el tiempo y el espacio se entreveran orgánicamente para conformar la trama universal (Gzlez. Garza 2009).

De la miríada de combinaciones de la trama del universo emerge el ser humano quien, al cobrar consciencia plena de su ser se plantea las preguntas fundamentales: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia adónde voy? ¿Qué sentido tiene mi existencia.

Dar respuesta a estas preguntas es fundamental por ser las que disparan el proceso de conscientización, es decir, el camino que conduce al descubrimiento del ser que soy y que somos en esencia.

Principio de Continuidad. Alude al constante devenir del holos. Aquello que se considera un fin, constituye siempre el principio de algo nuevo. Este principio tiene que ver con la holoarquía que a diferencia de la jerarquía -que consiste en la clasificación de personas, cosas instituciones o conceptos en orden de superioridad o de subordinación- sostiene que la totalidad contemplada como un orden natural creciente y creativo no existen holones que puedan ser consideradas como inferiores o superiores. En este sentido se considera que lo arcaico o primario constituye la base y el sustento de una totalidad-parte más amplia y evolucionada que, a su vez, siempre abre nuevas posibilidades dando así origen a la evolución de organismos cada vez más diferenciados, integrados, organizados, complejos centrados y conscientes. Esto significa que si los átomos desaparecieran, la materia, la vida, el pensamiento y la conciencia dejarían de existir.

Nuestra vida es un continuo proceso de transformación pero la única forma de cobrar consciencia del cambio es vivir en el aquí y el ahora. Es en el eterno presente cuando se puede retomar el pasado que es historia, para aceptarlo, valorarlo, transformarlo, integrarlo y trascenderlo. Este proceso permite encausar, planear y programar nuestro camino hacia las siguientes etapas de nuestro proceso de autorrealización y trascendencia. Cabe aquí señalar la importancia que tiene darnos cuenta que, gracias a lo que hemos vivido y experimentado a lo largo de la vida, hoy somos lo que somos y sabemos lo que podemos llegar a ser en el futuro.

  • Principio de Contextualización. Todo holón debe ser interpretado a partir del contexto en el que se presenta. Este es otro principio fundamental en el Desarrollo Humano que se caracteriza por centrarse en la persona –en el aquí y ahora- del otro o de los otros, sin que esto signifique olvidarse de lo que uno mismo es y experimenta.

Esto me lleva a recordar una experiencia más de aprendizaje sobre el sentido y el significado del enfoque centrado en la persona. Hace ya muchos años, Carl Rogers aceptó nuestra invitación a compartir su teoría y experiencia en el Centro de Integración Educativa, una comunidad de padres, maestros y alumnos que visualizábamos la educación a partir de los principios y propuestas del enfoque rogeriano. El auditorio de la escuela se encontraba abarrotado, esperando escuchar la presentación de Carl, quien a lo largo de aproximadamente dos horas, se dedicó a dialogar con las personas preguntándoles sobre su experiencia en la escuela y compartiendo sus puntos de vista. Escuchaba como él solía hacerlo a niños, jóvenes y adultos y respondía con apertura y calidez a las preguntas y comentarios que se le hacían. Al terminó la sesión expresó que se había sentido muy complacido de ver que habíamos logrado contextualizar el enfoque centrado en la persona adaptándolo a las necesidades específicas y los objetivos propios de nuestra comunidad educativa.

  • Principio de Unidad y Complejidad. Propone que todo holón constituye una totalidad única y compleja, por lo tanto, el análisis de la realidad implica la integración de los diferentes aspectos de su unicidad sin olvidar que cada uno de estos se encuentra profundamente conectado con otras totalidades- parte con las que interactúa dinámica y continuamente. De aquí se desprende la premisa que sostiene que el nivel de desarrollo de la conciencia se determina con base en la complejidad que se refiere al número y organización específica de las totalidades-parte que lo conforman.

Proceso evolutivo holístico.

La evolución desde la perspectiva holística se remonta al origen del Kosmos3 que, como ya ha sido mencionado atraviesa tres fases:

La fiosfera que se refiere a toda a la realidad material objetiva que se percibe. Es decir, corresponde a la materia que ocupa un lugar en el espacio (partículas subatómicas, átomos y moléculas). La biosfera que corresponde a la aparición de la vida, desde las bacterias primitivas hasta el cerebro trino. Éste se integra, en primer termino, por el paleoncéfalo o cerebro reptiliano que constituye la sede de la inteligencia básica que regula la supervivencia, la homeostásis, y los comportamientos instintuales e inconscientes. El segundo corresponde al paleomamífero o cerebro mamífero primitivo que comprende el sistema límbico responsable de las emociones viscerales y está asociado a la capacidad de sentir y desear. El tercero es el cerebro neomamífero o neocortex que constituye la capa

                                                                                                              

3 Kosmos Se refiere a la visión pitagórica del universo como un todo viviente ordenado que no ha dejado de evolucionar. Originariamente significaba orden, belleza, armonía.

cerebral más evolucionada. Corresponde a la fase de la noosfera en la que reside la inteligencia racional.

De aquí se desprende que el proceso evolutivo holístico parte de una visión de cosmogénesis en la que el Universo se contempla como un todo viviente ordenado que nace, sufre mutaciones, se retroalimenta y se va transformando con base en sus propias leyes. Hablar de cosmogénesis es hablar del origen y la evolución continua tanto de las energías espaciales como de todo ser vivo; es hablar de un universo que no deja de evolucionar. Este nuevo paradigma científico revolucionario surge en los albores del siglo XX, a partir de la integración de la teoría de la relatividad y la física cuántica que, a su vez, incluye la biología, la antropología, la filosofía, la astrofísica y la neurobiología, entre otras ciencias.

De la cosmogénesis se desprende un nuevo paradigma en torno a la naturaleza humana denominado antropogénesis que sostiene que todo ser humano, al igual que el cosmos, se encuentra sujeto a una serie de cambios y se va desarrollando en cuanto a complejidad, inteligencia, espiritualidad, interrelación con el sí mismo,

 

el tú, el nosotros, los otros, el mundo y el universo en un continuo proceso continuo de autorrealización y trascendencia. A través del estudio microscópico de una célula (propio de la biología) y de la investigación macroscópica del cosmos (propio de la astrofísica), resulta impactante comprobar la similitud de su conformación molecular.

Proceso de desarrollo humano holístico.

El proceso evolutivo consiste en un devenir dinámico, continuo, secuencial, incluyente y trascendente –semejante al movimiento de una espiral- a través del cual el aprendizaje se contempla como un proceso interno de descubrimiento que se imprime en la conciencia perdurando a lo largo de toda la vida.

Partiendo de la visión de cosmogénesis y antropogénesis que propone el holismo, así como de la premisa que sostiene que los holones emergen en una secuencia ascendente de totalidades-parte, el proceso de desarrollo humano holístico atraviesa las fronteras que delimitan las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual propias de la naturaleza humana. Desde esta óptica, el desarrollo humano holístico consiste en un proceso natural que constituye una totalidad en la que una etapa de desarrollo se integra a la siguiente conformando así una totalidad-parte más amplia y evolucionada. Cada holón (totalidad-parte), como unidad individual se trasciende a sí mismo al formar parte y participar en un sistema más extenso y, por consiguiente, incluye niveles o contextos mas profundos en una escala de órdenes subsecuentes que no permiten vuelta atrás. En otros términos, todo proceso evolutivo es irreversible, una semilla crece hasta convertirse en planta o árbol, una oruga evoluciona hasta convertirse en mariposa, el cigoto humano se desarrolla hasta convertirse en un ser único, una obra de arte original de la naturaleza, un microcosmos que forma parte y participa del macrocosmos. Es un hecho innegable que ninguno de estos procesos puede recorrerse en sentido inverso, por lo que su movimiento continuo, ascendente y envolvente se asemeja al de una espiral que, atravesando diversas fronteras van de lo menos a lo más inclusivo. La niñez, la adolescencia, la vida adulta y la vejez son un ejemplo de ello.

Las fases evolutivas por las que el ser humano atraviesa en su tránsito hacia la realización integral de sus potencialidades incluyen no sólo los cambios que la persona sufre en su proceso de maduración bio-psico-social sino que a la vez comprenden las transformaciones que resultan de la integración de las polaridades, la significación de los valores y la actualización de los dinamismos humanos fundamentales4 que residen en la dimensión espiritual de su naturaleza. Cada una de estas etapas se correlaciona con un nivel de desarrollo de la conciencia que, en

 

                                                                                                              

4  Entre éstos se encuentran: la tendencia a actuar creativamente superando las condiciones dadas;

la tendencia a transforn1ar la naturaleza y ponerla a su servicio; la tendencia a tener un conocimiento verdadero de la realidad; la tendencia a obrar con dominio de sus propios actos de modo que sean responsablemente libres; la tendencia a vivir en sociedad con otros hombres realizando la justicia y ejercitando el amor y la tendencia a lograr la armonía entre los diversos impulsos que en él se agitan.

este contexto, como ya ha sido mencionado, se refiere a la capacidad humana de darse cuenta de su ser, de su estar y su actuar en el mundo. La conciencia personal (self o sí mismo) evoluciona en círculos concéntricos cada vez más amplios a los que hemos llamado esferas holísticas por considerar que cada una constituye una totalidad organizada que, en la medida en que se expande, se transforma en una conciencia más integrada y compleja 5 . A cada esfera o dimensión le corresponde una etapa y un nivel evolutivo que va de lo menos a lo

más inclusivo, de lo inconsciente a lo consciente, de la sombra a la luz.

Cabe señalar que con el objeto de comprender al ser humano en su totalidad y poder explicar los procesos de desarrollo, autorrealización y trascendencia, es necesario separar lo que constituye una unidad. Es decir, hay que dividir el holón humano, en sus diversas totalidades-parte sin perder de vista que éstas no constituyen bloques separados sino procesos continuos en los que la etapa anterior se integra a la siguiente. Asimismo, si bien es cierto que el proceso evolutivo de la consciencia se relaciona estrechamente   con el desarrollo cronológico, el paralelismo entre el nivel de consciencia y la edad no se da de manera espontánea, ni de la misma manera debido a una serie de factores que son los que influyen en el proceso autorrealización y trascendencia.

“La infancia, niñez, adolescencia, adultez, tercera edad y vejez, como etapas del desarrollo, tienen una correlación con los niveles de conciencia, cuando no se presentan obstáculos o sucesos que impiden o aceleran el proceso… Se sabe que independientemente de la edad, el individuo puede encontrarse en una etapa de desarrollo físico, mental, emocional, social o espiritual menor o mayor al que le correspondería cronológicamente hablando. La carga genética, la influencia (no determinante) del medio ambiente, la experiencia personal que la vida imprime en cada ser humano y la salud física y psicológica, entre otros elementos, si bien no condicionan al hombre, sí influyen en el desarrollo de la personalidad y en la expansión de su

conciencia”6.

El proceso se inicia en el momento de la concepción y, a lo largo de la vida intrauterina, atraviesa por cuatro matrices perinatales básicas (S. Grof, 1988). La primera se caracteriza por el entorno seguro y protector de un “buen útero” que proporciona sensaciones de seguridad, bienestar, satisfacción de necesidades primordiales, placidez y paz. Éstas pueden ser perturbadas por agentes físicos o químicos agresivos, por infecciones, tóxicos y traumatismos, así como enfermedades e incluso por estados emocionales de la madre. La segunda, matriz corresponde a las experiencias asociadas al comienzo de las contracciones del útero que al presionar el cuello, aún cerrado, provocan opresión y dolor en el feto que se vive apretado, empujado y obligado a luchar para salir de aquel espacio en

                                                                                                              

5 La complejidad se refiere al conjunto de elementos que se encuentran armónicamente entrelazados en una trama multicolor y pluridimensional, por lo que no hay que confundirla con lo complicado, lo confuso o lo incomprensible.

6 González Garza. 2005. p. 304.

el que ya no cabe. La tercera matriz perinatal corresponde a la apertura de la cerviz iniciándose así el proceso del nacimiento. La cuarta matriz pone fin a la vida intrauterina, el bebé es separado de la madre y se enfrenta a una serie de estímulos que bombardean sus sentidos. A partir de ese momento, comienza la lucha por la supervivencia. Esta primera etapa de desarrollo se caracteriza por la indiferenciación, es decir, la conciencia se encuentra fundida y confundida con la totalidad por lo que el nivel de desarrollo que le corresponde es el pleromático7.

La segunda etapa corresponde al período de hominización que se ubica en la esfera o dimensión biológica de la naturaleza humana, en la que la vida se rige a través de los instintos, pulsiones y emociones primarias propias de la primera infancia. Sus principales características son la búsqueda del equilibrio (homeostásis), la vida eminentemente sensorial y la mente absorbente a la que hace referencia María Montessori (1986). La consciencia de sí mismo se identifica con el cuerpo, sus funciones y necesidades bio-psicológicas básicas (Maslow,

1982). Las motivaciones que se desprenden de estas necesidades son de carácter deficitario, la búsqueda del placer y el egocentrismo. Los valores propios de esta

fase evolutiva son la sobrevivencia y el bienestar físico. En esta etapa emerge la

dualidad primaria (Wilber, 1985) que se refiere a la aparición del concepto yo/no-yo. Ea decir, el yo en esta etapa se encuentra identificado con la dimensión biológica (soy un cuerpo) y la conciencia se ubica en la etapa arcaica, por tratarse de las primeras manifestaciones de su desarrollo. Esta primera identificación personal centrada totalmente en la dimensión biológica constituye el primer eslabón de una larga cadena de fronteras que el individuo establece entre aquello que cree ser (yo soy) y lo que deja en el mundo del no ser que incluye, no sólo el medio ambiente circundante de la realidad que percibe, sino las dimensiones psico-social-espiritual de su naturaleza que aún desconoce.

El tránsito de la hominización a la humanización, propio de la tercera etapa evolutiva, incluye dos largos períodos: el de la segunda infancia y la adolescencia. Esta fase se caracteriza por el reconocimiento del sí mismo; el proceso de la integración de la dualidad cuerpo-mente y la identificación con la mente racional. Esto implica una expansión de la consciencia de sí mismo y de la realidad que se percibe, así como de la influencia que ésta última tiene en los pensamientos y acciones. Es una etapa eminentemente autocéntrica, es decir, centrada en las necesidades bio-psico-sociales deficitarias y se relaciona estrechamente con la aparición del pensamiento intuitivo-racional y la ampliación del vocabulario. El nivel de desarrollo individual se caracteriza por el establecimiento de relaciones de carácter objetal que significa un “te quiero porque te necesito”. En otras palabras, las relaciones se encuentran centradas en las propias necesidades y deseos, coloreados siempre por la imaginación, la curiosidad, la fantasía, la creatividad y el deseo de controlar su mundo.

La cuarta etapa se refiere al proceso de personificación en la que el self o sí mismo personal de cristaliza. Esto significa que la estructura del sí mismo que se forma a

                                                                                                              

7 El pleroma en este contexto se concibe como la unidad primordial de la que emergen el resto de los elementos que conforman un holón.

través de la valoración externa se va integrando con la experiencia organísmica conformada por la valoración interna (Rogers, 1966). Esta tendencia natural hacia el desarrollo pleno de las potencialidades se caracteriza por proceso, la transformación de las necesidades deficitarias en necesidades de desarrollo tales como la autonomía, el autoconocimiento, la autoaceptación, la autoestima, la interdependencia y la pertenencia a grupos de pares. A lo largo del tránsito de la pubertad a la adolescencia tardía que se ubica aproximadamente a los veinte años, los valores se encuentran limitados a su entorno socio-cultural y las relaciones humanas cobran un carácter interpersonal. La conciencia personal se va expandiendo del yo al tú y del tú al nosotros, abriéndose así el horizonte del yo existencial auténtico en el que el individualismo y el egocentrismo se trascienden al cobrar consciencia del otro y de los otros. La interacción consciente con el mundo, las relaciones interpersonales solidarias que implican ser con y para los demás, así como la aceptación incondicional y la celebración de las diferencias individuales amplía el horizonte de la conciencia hacia un espacio que trasciende lo personal y la capacidad de amar se expande hasta abrazar a la humanidad entera.

Cuando el proceso evolutivo no se ve distorsionado por el medio ambiente circundante y una educación opresora y ultrajante de la dignidad inalienable de la persona humana, se disuelve la frontera entre la personificación (soy un ser bio- psico-social) y la quinta esfera evolutiva a la que se ha denominado planetización humana en la cual los holones o las unidades pensantes se unifican. Esta fase evolutiva corresponde a un nivel trans-personal de conciencia precisamente por tratarse del momento en el que el ser personal se trasciende para abrirse a la comunión (la común unión) y el amor fraterno. Constituye la residencia de los valores universales, las aspiraciones más elevadas y las causas más nobles en los que la consciencia de sí mismo/a penetra en los dominios de la dimensión espiritual propia de la naturaleza humana. Es en este momento en el que se cobra plena consciencia de ser un microcosmos que forma parte y participa del macrocosmos. Esta etapa se caracteriza por la congruencia, la transparencia y el desapego, así como por un sentimiento pleno de unidad con la totalidad en la que las polaridades se disuelven.

La planetización constituye la cúspide de la evolución humana a la que hemos llamado el despertar a la conciencia trascendente, a la esencia del ser, a esa conciencia natural que habita en el interior del ser humano desde el momento de su concepción y permanece latente en espera de ser descubierta. Teilhard de Chardin se refiere al despertar como la Omegalización en la que se experimenta y comprende el misterio de lo Uno y de lo múlltiple (1967). Wilber (1989) lo describe como el Omega de todos los omegas y Roberto Assagioli (1988) se refiere a éste como abrirse a la Yoidad. El despertar constituye la aventura de la conciencia desde su etapa arcaica hasta la plenitud del ser que eres y que somos en esencia. (Gzlez. Garza, 2005).

Espiral de la Conciencia.

Fig. 2

Cada una de las dimensiones que conforman nuestra naturaleza posee sus propios elementos y funciones específicas, así como sus necesidades, motivaciones, actitudes, formas de percibir la realidad, modos de adquirir el conocimiento y comportamientos que se van manifestando y desarrollando a lo largo de las etapas evolutivas y van ampliando el horizonte de la conciencia. De aquí se desprende que el proceso se desenvuelve en la medida en que somos capaces de conocernos para conocer, aceptarnos para aceptar, valorarnos para valorar, amarnos para amar y transformarnos para transformar.

Es un hecho que no podemos negar que existen ocasiones en las que la tendencia natural del organismo puede verse distorsionado por fuerzas externas que el medio ambiente circundante ejerce en el individuo. Ejemplos de ello son, la corrupción, la violación a los derechos humanos, la injusticia, las guerras, el deseo de poder, de dominio y la deshumanización, entre otros. Sin embargo, la perspectiva holística postula que la evolución consiste en la tendencia continua y permanente hacia un orden creciente cada vez más complejo en su capacidad de interrelación tanto a nivel microscópico como macroscópico. La fuerza central de energía que actúa en

el universo se encuentra presente en todos los niveles. En el ser humano se manifiesta como la tendencia natural del organismo hacia la realización plena de sus potencialidades que no se encuentran necesariamente determinadas por las fuerzas externas. Carl Rogers (1980) plantea la tesis sobre la tendencia actualizante como esa fuerza que se dirige a la maduración y la plena realización de las potencialidades humanas. Este impulso natural del organismo hacia la protección, conservación y desarrollo de sus potencialidades puede verse distorsionado o contraído por la percepción que la persona capta de la realidad y la experiencia que de ésta resulta. Esto significa el desarrollo de la tendencia actualizante propia de todo ser vivo requiere de un contexto libre de amenaza.

De aquí se desprende la importancia que tiene promover e impulsar el desarrollo humano holístico contemplado este como un movimiento eminentemente educativo. La educación desde esta perspectiva propone que toda acción humana es una acción educativa por el impacto que tiene no sólo nuestro ser, estar y actuar en el mundo sino que se expande hacia el universo entero del cual formamos parte y participamos. No es posible negar que nadie puede dar lo que no tiene, enseñar lo que no sabe, compartir lo que no ha experimentado, por lo tanto, todos somos a la vez educandos y educadores. Esto significa que el desarrollo humano lleva consigo el reto de educarnos y educar en el aquí y el ahora, en y para la vida, en y para la libertad, en y para el amor y hacia la trascendencia.

Conclusión.

Ante esta realidad, el desarrollo humano holístico en el aquí y el ahora enfrenta el reto de adoptar y aceptar la visión que sostiene que no existe totalidad alguna que no forme parte y participe de otra más amplia. Esta visión implica la integración de las dimensiones propias de la naturaleza humana ya mencionadas, así como de toda dualidad existente: afuera/adentro, teoría/experiencia, objetividad/subjetividad, ciencia/mística y materia/espíritu entre otras muchas.

Este enfoque requiere de pensadores, educadores y maestros conscientes, responsables, congruentes y transparentes abiertos siempre al diálogo a la experiencia, al cambio y al encuentro. Necesita de personas conscientes, responsables, congruentes y transparentes que se aboquen a profundizar en una investigación científica integral que, fundamentada en un saber que no se reduzca a una mera acumulación de datos, conceptos y teorías, construya un puente entre la sabiduría antigua con la modernidad y recupere el sentido trascendente de la existencia.

El desarrollo humano holístico nos invita a aprender a ser, aprender a hacer, aprender a aprender, aprender a convivir y a disfrutar de las semejanzas y a celebrar las diferencias de tal forma que permita la integración consciente que conduce al conocimiento unificado. Todo ser humano aprende tanto de su propia realidad, como de la realidad que lo circunda y de la realidad de que lo trasciende.

Todo ser humano posee el potencial para integrar y trascender los datos inmediatos que se presentan a sus sentidos con el fin de abrirse a otras dimensiones e interrelaciones más amplias que le permitan establecer una conexión significativa con la Totalidad de la cual forma parte y participa.

Bibliograa.

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