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“Arraigo y respiración puentes hacia el autocuidado”

“Arraigo y respiración puentes hacia el autocuidado”

Arraigo y respiración puentes hacia el autocuidado”

Por: Izya del Carmen Reyes Hernández

 

Resumen.

El presente artículo está basado en el trabajo psicocorporal, principalmente en la práctica del arraigo y respiración, siendo estas practicas herramientas a través de las cuales se fomenta el autoconocimiento, auto escucha, detección de necesidades y con ello, el empleo de recursos para aprender a cuidarse. Este trabajo tiene como finalidad conocer la experiencia de autocuidado de una mujer nutrióloga de 30 años de edad, la cual acude a psicoterapia corporal humanista. Encontrando que la práctica del arraigo y la respiración son puentes para favorecer el cuidado de sí misma.

 

Introducción.

El tema de autocuidado surge durante mi formación como psicóloga y trabajo personal, a partir de la revisión de mi historia infantil y de los guiones de vida aprendidos. Desde niña aprendí a estar al pendiente de los demás, crecí en un ambiente en su mayoría mujeres, todas “proveedoras y dadoras”, pero con poca escucha de sí mismas y de lo que necesitan.

Comencé a escucharme cuando de niña acudía al catecismo, pues la introspección a través de la oración y de una invitación constante de observarme, me llevó a hacer contacto conmigo misma y mis sensaciones. De ahí, mi inquietud de conocerme y de escucharme, siendo un parteaguas importante para estudiar psicología.

Durante mi viaje por la psicología, me adentré a talleres de desarrollo humano, el inicio de mi proceso terapéutico me ha permitido reconocer mi rol femenino aprendido, mi herida de abandono y de rechazo, empezando con ello a identificar la necesidad de cuidar de mí misma, de auto escucharme para identificar lo que necesito, lo que siento y también a través del trabajo psicocorporal, habitar mi cuerpo y con ello aprender a sentir, y reconocer mis sensaciones.

Sin embargo, la vida acelerada, la urgencia y los pendientes que nunca terminan, el ritmo de trabajo y las demandas del entorno generan un automatismo que me desconecta de mí misma, de mi cuerpo y de lo que necesito.

La palabra autocuidado es un reto para mí en el día a día, para no abandonarme, prestarme atención, escuchar mi cuerpo y mis emociones. El aprender a escucharme y el trabajo psicocorporal a través del arraigo, el centra- miento y la respiración, han sido importantes en esta práctica del autocuidado, pues me ha permitido ir reconociendo poco en poco lo que necesito.

El problema del autocuidado como parte de la formación integral, se refiere a la conciencia sobre lo que es la vida, el cuerpo, la salud y bienestar. Por lo que ha sido de suma importancia investigar al autocuidado desde el ser, saber, concienciar, actuar e interactuar (Escobar, Franco, Duque; 2011).

El tema de autocuidado es un tema que ha cobrado intensidad en mí, es por ello por lo que centro el presente artículo en el trabajo psicocorporal, principalmente en la práctica del arraigo y la respiración, como medio para el autoconocimiento, auto escucha, detección de necesidades y con ello el empleo de recursos para aprender a cuidarse.

  1. Autoconocimiento y su relación con la detección de necesidades.

Cuando hablamos de autoconocimiento, nos referimos al derecho y la capacidad que todas las personas tenemos para escucharnos, y así entender los procesos de nuestro cuerpo: las sensaciones, las emociones, los pensamientos y nuestros comportamientos; para comprender como funcionamos, qué sentimos y de donde viene todo eso, es decir, lograr identificar lo que necesitamos, desde una mirada integral para comprender cuales son procesos humanos y cuales procesos aprendidos (Sanz, 2016).

Es a través del autoconocimiento, de la propia observación, del conocimiento de nosotros mismos, que podemos iniciar cambios en nuestra vida, principalmente en los aspectos que nos hagan sentir mal, y que no favorezcan nuestro bienestar, para así comenzar a cuidarnos. Cuando hablamos de autoconocimiento, hablamos de aprender a conocernos y también de conocer nuestro cuerpo (nuestros procesos físicos, emocionales, mentales, espirituales y sociales) y reconocer lo que necesitamos (Sanz, 2016).

La psicoterapia corporal humanista, favorece el autoconocimiento a través de trabajo con el cuerpo, siendo el arraigo de los principales puntos de trabajo.

Arraigo es “estar plantado”, es “plantarse sobre las piernas y tomar plena conciencia de ellas”, término que utilizó durante su proceso terapéutico. Poco a poco este término, comenzó a tener mayor extensión, haciendo una relación importante con: estar plantado en el propio cuerpo, en la psique, en la sexualidad (Lowen,1977)

“Estar plantado”, se trata del contacto de los pies con el suelo, relacionándolo al equilibrio y gravitación, y por tanto a toda la postura corporal de la persona. Se trata de toda la postura, la postura frente a una misma/o, la postura frente al propio cuerpo incluyendo la actitud que tomamos frente a las cosas y situaciones de la vida cotidiana. Para Lowen (1977), la persona es su cuerpo, es por ello que está conexión con el estar plantado va más allá de mantener los pies en contacto con el suelo, desde una postura corporal, es estar arraigado en diferentes aspectos.

El arraigo, se refiere a un estado relajado de la musculatura de las piernas y vivacidad de las posturas, que denota experiencias de la infancia de habernos sentido sostenidos. Al canalizar nuestra experiencia corporal y energética desde las piernas a las tierras, “nos plantamos”, “nos arraigamos” en la realidad presente de la situación que vivimos (Heckler, 1984; en Jürgen, 2001).  Es por ello, que el arraigo puede ser un símbolo de “sostén”, “seguridad” y “autoconfianza” del estado de la persona.

Para Totton, (2003) arraigo significa estar anclado en nuestro proceso de crecimiento psicofísico, es decir, en el proceso de expansión y contracción (contacto y retiro) (carga y descarga) términos usados dentro de la psicoterapia corporal. Para él, estar arraigado significa estar enraizado, es decir presente en la experiencia humana. Boadella (1987) incluye en el arraigo, la capacidad de establecer una buena relación entre los modos de movimiento voluntario, semi voluntario e involuntario, creando un tono muscular más apropiado.

Lowen (1977) es quien introduce el término arraigo a la psicoterapia corporal, dando el nombre de arraigo vertical a la postura vertical y la relación piso, pie y pierna, como base de nuestra relación con el mundo. El trabajo previo de Reich, denota más un arraigo horizontal, que implica acostarnos y aceptar la rendición y el apoyo de la tierra. Ambos términos se complementan y forman parte del trabajo con el cuerpo.

Para Bailey (2015), estar arraigado es estar presente, centrado, enfocado, en movimiento, es estar aquí y ahora, es madurar (Lowen, 1993). Es descargar energía hacia la tierra y a la vez cargar energía de ella, dando permiso a que la gravedad trabaje en las personas sin aponerse. Es un acto co-creativo, vivir responsablemente y con el compromiso de nuestro bienestar, apoyados en nuestra vida y en contacto con la realidad, contacto que favorece el cuidarnos.

El arraigo o por el contrario el desarraigo, lo aprendemos desde el comienzo de la vida, al gatear, chupar, mirar y sentir. Es por ello, que estar arraigados es estar sólidos, es sentirnos sostenidos en este tiempo y espacio, con los pies plantados en la tierra. Por tanto, considero que al estar arraigados podemos ampliar nuestra conciencia, autoescucharnos y darnos cuenta de lo que nos sucede y de lo que necesitamos en diferentes aspectos o áreas de nuestra vida.

Nuestras familias determinan cómo nos arraigamos y cómo percibimos y formamos nuestro espacio, todo depende del contacto físico y sostén que hemos tenido durante nuestra infancia, gestando cierta confianza emocional y física. Es por ello, que las personas que no han sido sostenidas lo suficiente durante su infancia, podrían experimentar miedo de caer, manteniéndose rígidamente alejadas del piso, físicamente notando un cambio postural de sus piernas y rodillas, y con poco contacto de los pies en el suelo. Este miedo de caer va más de lo físico y se experimenta en lo emocional, teniendo diferentes cosas que disgustan de su propio cuerpo y vivir en general (Keleman, 2012), teniendo esto una relación importante en la manera en como aprendemos a cuidar de nosotros mismos.

Según Nabb (1999) en Bailey (2015), podemos estar arraigados/desarraigados en varios niveles:

  1. Físico: Las piernas y plantas de los pies están plantadas en la tierra, generando vibración en las piernas que van de y hacia la tierra, conectando a la persona en tiempo y espacio con el medio ambiente.
  2. Emocional: Se refiere a la capacidad de poder identificar y diferenciar sentimientos del pasado y del presente, y poder expresarlos.
  3. Mental: Estar en el presente, identificando cual es la verdad hoy, distinguiendo la veracidad de las imágenes y creencias, así como que tan actualizadas están las defensas.
  4. Voluntad: Dirigir la intención y la conducta de manera positiva para ir hacia la vida y no alejarnos de ella, a través del equilibrio entre la voluntad interna y externa.
  5. Espiritual: Es la intención del espíritu de estar aquí haciendo lo que estoy haciendo, y no otra cosa. Es ser lo que soy, pertenecer a un grupo pudiendo ser lo que soy, estar centrado en el Ser Superior. Este es el arraigo de todo Ser.

Para Conger (1994) en Bailey (2015), existen 7 fases en el arraigo que se van desarrollando desde el nacimiento hasta la edad adulta:

  • Primera etapa. Estamos arraigados en el vientre de nuestra madre y en los primeros momentos de nuestra vida. Si durante esta etapa, no hemos recibido aceptación, ni hemos sido aceptados amorosamente, no estaremos suficientemente arraigados de adultos. Si durante estas primeras etapas de vida, no tuvimos el suficiente contacto físico amoroso, algunas zonas de nuestro cuerpo permanecerán sub-desarrolladas, no conceptualizadas y crecemos con imágenes pobres de nuestro cuerpo.
  • Segunda etapa. Aquí aprendemos a gatear, pararnos y caminar, desarrollamos límites y territorio, hay identificación y separación de nuestra madre, aprendemos a autorregularnos. Importante que durante esta etapa se fomente la dependencia sana y sentimientos de soporte, pues en caso contrario, durante la etapa adulta la carencia de arraigo la veremos en las piernas, tobillos, pies y columna.
  • Tercera etapa. El arraigo se desarrolla en nuestras relaciones y nuestra sexualidad, es aquí que de niños buscamos la posesividad exclusiva de un padre y rechaza al otro no queriendo perder su afecto. Esta etapa, se conoce como edípica, y cuando no hay apoyo por parte de los dos padres es muy difícil arraigar la sexualidad.
  • Cuarta etapa. Está relacionada con salir de la casa materna-paterna para relacionarnos con el mundo que nos rodea y con nuestros padres, siendo la entrada a la escuela lo que permite esta salida. Durante esta etapa el arraigo tiene que ver con la cooperación y compromiso con otros/as. Aprendemos a arraigarnos en la relación con los demás.
  • Quinta etapa. Es en la adolescencia en donde nos movemos de lo concreto a lo abstracto, nos distanciamos de la familia, principalmente de la madre. Aprendemos a soñar y contener nuestra naturaleza rebelde.
  • Sexta etapa. De la adultez joven, es cuando nos enfrentamos con las limitaciones y restricciones de la realidad, hay que trabajar para vivir y aprender a posponer ciertos sueños con el apoyo de generaciones pasadas. El aprendizaje este, en superarlos.
  • Séptima etapa. Durante esta etapa los problemas mundanos nos afectan menos y estamos más en relación con lo divino, hay un cambio en la relación con nuestro cuerpo, y se despierta la fe.

El reto está en ir arraigando todos los aspectos cada día mejor, buscando un arraigo integral, un arraigo de la vida cotidiana, un arraigo paulatino que favorezca día a día el autocuidado, aunado al arraigo la respiración juega un papel importante para propia escucha.

  1. Respiración.

El término respiración significa “volver al espíritu”, hay quienes hacen referencia a ella como “el soplo de vida”. Para Bailey (2006) es la pulsión básica de la vida, es la expansión-contracción básica del cuerpo, es la base de toda experiencia, de vivir, de sentir el placer, el dolor y toda la gama de emociones. Al ser una pulsación, el continuo dentro-fuera (inhalar y exhalar) determina el ritmo de la respiración, por lo tanto, el ritmo que llevamos en nuestra vida marca una pauta importante en nuestra manera de respirar.

La respiración nos permite elevar nuestro nivel de conciencia, y con ello darnos cuenta de lo que sentimos y necesitamos, estar en contacto con el cuerpo-mente. Por ello, un cuerpo sano y vibrante respira con profundidad, da y recibe; sin embargo, un cuerpo enfermo (psicológica o físicamente), genera una respiración crónica pobre, causando tensión muscular crónica.

La respiración favorece el contacto con nuestra emociones y sentimientos presentes, nos permite sentir nuestro cuerpo y con ello aumentar nuestro autoconocimiento y reconocimiento de lo que necesitamos, por tanto, las limitantes en nuestra respiración o una respiración pobre, limitan el contacto con lo que sentimos, lo que puede generar síntomas como la depresión, irritabilidad, ansiedad, fobias, fatiga, falta de concentración, entre otros. Respirar es sentir, respirar carga nuestro organismo, lo actualiza, limpia y conecta, respirar profundo es estar vivo. (Bailey, 2006).

La respiración se regula por el sistema nervioso autónomo tanto en los animales como en el humano, es una función inconsciente que las personas pueden mejorar voluntariamente por medio de ejercicios.

Cuando se logra una mejor respiración, a través de ejercicios adecuados, se mejoran las funciones fisiológicas como la digestión, circulación de la sangre y en general el tono del cuerpo; a nivel emocional y psicológico, la percepción se hace más amplia y precisa, el pensamiento se vuelve más claro.

En la psicoterapia humanista corporal, el trabajo con la respiración es primordial, trabajando con varios tipos de respiración, con la finalidad de ampliar la consciencia, tener mayor claridad interna y más espacio interior para habitarse.

Diferentes escuelas han utilizado el conteo de la respiración para entrar en estados de calma y contacto interno profundo. De ahí, que la respiración es clave para generar recursos de autocuidado, pues al elevar el nivel de conciencia hay mayor contacto con lo que sentimos, con lo que necesitamos.

Desde la psicoterapia corporal humanista, se propone un trabajo integral entre la materia y la energía para ampliar la consciencia. Al trabajar con la respiración, el objetivo es tener más contacto con la vida, abrir los bloqueos corporales, reconocer e identificar los conflictos, las necesidades y con ello gestar recursos de autocuidado que permitan el bienestar.

La respiración es el puente que une al cuerpo físico con las emociones y sensaciones, con nuestra dimensión espiritual.

Queitsch (2015), menciona cómo Lowen encontró que la respiración junto con el arraigo, favorecían el desbloqueo de tensiones musculares crónicas, así como el acceso a emociones profundas, permitiendo su expresión y con ello establecer el equilibrio energético.

En la presente investigación, encontramos que la respiración juega un papel relevante en el nivel de consciencia, favoreciendo el autoconocimiento y con ello la escucha de necesidades, siendo una herramienta importante en la práctica de autocuidado.

El autocuidado es algo que se aprende y debe aplicarse de forma deliberada y continua en el tiempo. Dicho de otra manera, implica la responsabilidad que tiene cada persona para el fomento, conservación y cuidado de su propia salud.

El autocuidado incluye las acciones personales encaminadas a mantener la vida, la salud, el bienestar, que podrían ser tanto de carácter externo, es decir conductas manifestadas encausadas a ese objetivo; como interno, conductas encubiertas como los elementos cognoscitivos: pensamientos, emociones y creencias (Guzmán, 2014; en Morales, 2018). Según Orem (en Oltra, 2013), el autocuidado se define como aquellas actividades que realizan los individuos, las familias o las comunidades, con el propósito de promover la salud, prevenir la enfermedad, limitarla cuando existe o restablecerla cuando se necesario. Por tanto, no es una actitud azarosa ni improvisada, sino una función reguladora que las personas desarrollan y ejecutan deliberadamente con el objeto de mantener su salud y bienestar, es por ello que todos aquellos comportamientos enfocados a la promoción, prevención y tratamiento de la propia salud física y mental, lo definen como autocuidado. Siendo de suma importancia para disminuir efectos adversos ante situaciones de estrés psicológico o malestar en general, pues inciden en la calidad de vida, manifestación de afectos positivos, un buen desempeño laboral y personal (Valdés, González-Tovar, Hernández, Sánchez, 2020).

El ser humano es vulnerable y frágil, su misma capacidad de sentir, de pensar y de ser, así como de desarrollar una conciencia moral, lo hacen sensible al contacto y la experiencia, su mismo cuerpo y mortalidad enfatizan su vulnerabilidad. Sin embargo, la vulnerabilidad no sólo como referencia biológica, sino también a la historia del individuo en relación con otros y otras, y con lo que le rodea (Feto, 2007; en Oltra, 2013).

La misma interacción con lo y los demás, interpela al individuo. En el caso de las relaciones de ayuda desgasta; y si no se sabe manejar muy bien, hace que los cuidadores o acompañantes tengan que abandonar su rol activo y convertirse en sujetos pasivos, necesitados también de cuidados. (Oltra, 2013). El mismo ambiente veloz, lleno de estrés y preocupación, también genera que las personas se olviden de sí mismas y se abandonen.

Es por ello, que el autocuidado es un acto de vida que permite a las personas convertirse en sujetos de sus propias acciones, siendo este un proceso voluntario de la persona para consigo misma, el cual conlleva una responsabilidad y compromiso individual, teniendo fines protectores y preventivos, ya que la persona tiene la certeza que mejorará y logrará gestar momentos de bienestar (Valdés, González-Tovar, Hernández, Sánchez, 2020).

Para Fina Sanz (2016), aprender a cuidarse es el buentrato que la personas practican en su día a día, en su dimensión personal, individual e interna, implicando que la persona se reconozca a sí misma, aprenda a escucharse, escuchar su cuerpo, escuchar las sensaciones, las emociones, los pensamientos y con ello poder distinguir las sensaciones de bienestar y malestar, para hacer un compromiso personal con el bienestar y con la construcción de recursos de autocuidado que le permitan vivir plenamente. Por tanto, el arraigo y la respiración son un parteaguas importante para aprender a escucharse y con ello cuidarse.

Metodología.

Se realizó un estudio de caso único de tipo cualitativo, a una mujer nutrióloga de 30 años de edad, que ha llevado a cabo trabajo terapéutico desde el enfoque en psicoterapia humanista corporal. Con la finalidad de conocer cómo el arraigo y la respiración favorecen la práctica del autocuidado desde el autoconocimiento. Se aplicó una entrevista semiestructurada de 13 preguntas, que buscan explorar lo que comprende por autocuidado, lo que hace para cuidarse, la manera en que define el arraigo y la respiración y su relación con el cuidado de sí misma.

La entrevista se llevó a cabo en el lugar de trabajo de la entrevistada, se solicitó previamente su consentimiento para tomar nota de sus respuestas, la entrevista tuvo una duración de 60 min.

Análisis de resultados.

Desde la psicoterapia humanista corporal, el arraigo es una práctica importante para fomentar la auto escucha, el contacto con el cuerpo, con las emociones, para hacer un contacto profundo. El sentir el peso del cuerpo sobre los pies, la sensación de plantarse y sentir el piso, nos permite mirar cómo el arraigo es un puente importante para el contacto con lo que sentimos y necesitamos, siendo no solo importante la postura, ya que el arraigo se trata del contacto de los pies con el suelo, pero además  tiene una relación con la postura ante la vida, ante el entorno, ante las emociones (Lowen, 1988), llevando esta experiencia un poco más de solo tener los pies plantados sobre la tierra.

En el caso de este estudio, el arraigo le ha permitido a la entrevistada ser más consciente del “cansancio, del sueño, la flojera, de ser sensible a las diferentes emociones que experimenta, y con ello saber lo que necesita y poco a poco cuidarse”. Es el arraigo lo que le ha permitido darse tiempo para “descansar y dormir, cuidar su tiempo, alimentación, cuidar de su piel para sentirse bien”. El arraigo le ha permitido sentir su cuerpo, siendo este un proceso no tan sencillo, pues refiere que su mente suele tener muchos pensamientos, sin embargo, ha logrado sentir la tensión o cansancio, sentir sus emociones, mencionando que el autocuidado no siempre es consciente, pero si el arraigo le ha permitido saber “que algo pasa”, “prestar atención y después sentirse tranquila, siendo más sencillo estar bien”. Para Lowen (1977), la persona es su cuerpo, es por ello que esta conexión con el estar plantado va más allá de mantener los pies en contacto con el suelo, es estar arraigado en diferentes aspectos, para con ello vibrar en el mundo, aprender a cuidarnos. Al abordar el tema de la respiración, encuentro que la respiración es parte de este puente que conduce al autocuidado, pues al preguntar: ¿Considera que la respiración puede ayudar a sentir tu cuerpo?, la respuesta fue: “la respiración me ayuda a calmar mi mente y entrar en contacto con mis emociones, con lo que siento, con mi cuerpo, a veces mi cuerpo esta tenso, se siente dividido, a veces es un cuerpo fuerte, a veces es un cuerpo enfermo, otras veces es un cuerpo desconectado y en muchas ocasiones un cuerpo cansado, pero esto me ayuda a enfocarme, a calmar mi mente, a sentir, y con ello saber lo que necesito, la misma respiración me cuida,  sobre todo, cuando me siento acelerada, respirar, me hace saber que necesito una pausa y con ello me siento bien”. Queitsch (2015), menciona que para Lowen, la respiración favorece el desbloqueo de tensiones musculares crónicas, así como el acceso a emociones profundas, permitiendo su expresión y con ello establecer el equilibrio energético, permitiendo que la persona experimente un cuerpo con bienestar.

Bailey (2006), menciona que la respiración favorece el contacto con nuestra emociones y sentimientos presentes, nos permite sentir nuestro cuerpo y con ello elevar nuestro nivel de consciencia, trayendo consigo autoconocimiento y reconocimiento de lo que necesitamos.

Por tanto, la respiración y el arraigo fomentan el autoconocimiento, encontrando que para la entrevistada el autoconocimiento “es saber cómo responder a las situaciones que le rodean, saber identificar bajo que situaciones puedo reaccionar de una u otra forma, saber lo que le incomoda o genera enojo, a identificar situaciones en las que se quiero ir, le ayuda a hacerlo (irse cuando lo desea) o  a contestar de otra forma cuando estoy enojada, me ayuda a travesar si es una situación incómoda, poco a poco he aprendido que el cuidarme no es solo para quitar lo que me incomoda, sino también para saber qué cosas me agradan y con ello hacer lo que me gusta”.

De acuerdo con Sanz (2016), hablar de autoconocimiento es la capacidad que tenemos para auto escucharnos, para entender nuestro cuerpo, sensaciones, emociones, pensamiento y comportamientos, con la finalidad de comprender lo que sentimos y con ello llevar a cabo comportamientos que nos permitan estar bien. Encontrando una relación importante entre “el estar bien” y el término “autocuidado”, pues al realizar la pregunta ¿qué es el autocuidado?, encontré la siguiente respuesta “son todas las acciones que me lleven a sentirme mejor, cuidarme significa llevar a cabo acciones desde mí, como: acudir a una consulta médica, hasta saber si donde estoy me siento cómoda (el entorno)”.  El autocuidado incluye las acciones personales encaminadas a mantener la vida, la salud, el bienestar, que podrían ser tanto de carácter externo, es decir conductas manifestadas encausadas a ese objetivo; como interno, conductas encubiertas como los elementos cognoscitivos: pensamientos, emociones y creencias (Guzmán, 2014; en Morales, 2018).

Al realizar la pregunta ¿qué cosas haces para cuidarte?, la respuesta fue “dormir, comer sano, ir a mis visitas médicas, pasar tiempo de calidad ya sea conmigo misma o con otras personas, a veces necesito soledad y silencio. Son muchas cosas las que realizo, pero siempre son enfocadas a lo que siento, a veces necesito arraigarme o solo respirar para callar mi mente, esas son cosas que también me cuidan”. Según Orem (en Oltra, 2013), el autocuidado se define como aquellas actividades que realizan los individuos, las familias o las comunidades, con el propósito de promover la salud, prevenir la enfermedad, limitarla cuando existe o restablecerla cuando sea necesario.

Con lo antes mencionado encuentro que el arraigo y la respiración no solo son un puente que fomenta el autocuidado, sino también por sí mismos pueden ser experimentados como un recurso para cuidar de nosotros mismos, encontrando que el trabajo terapéutico es un espacio en el que se aprende el cuidado, pues al realizar la pregunta, ¿Cómo te das cuenta de lo que necesitas para cuidarte?, obtuve la siguiente respuesta:

“Con previo trabajo terapéutico, principalmente con ejercicios de arraigo y respiración, pues a partir de estas prácticas ha sido más sencillo callar mi mente y conectar con lo que siento, percibir mi cuerpo, esto me ayuda a saber que necesito, por ejemplo: dormir, bailar, hacer ejercicio, platicar, etc.”.

Por tanto, encuentro que el arraigo y la respiración favorecen el autoconocimiento, generando con ello un puente importante para la práctica del autocuidado. Enfatizando en la relevancia y aportación de la psicoterapia corporal humanista dentro de este proceso y aprendizaje de vida.

Conclusiones.

El autocuidado es una práctica que se aprende y fomenta durante nuestro día a día, siendo importante el autoconocimiento desde el sentir el cuerpo, las emociones y los pensamientos, desde una totalidad. Encontrando la importancia del arraigo y la respiración no solo como puentes para el autocuidado, sino, también como dos prácticas que me cuidan y me permiten vivir en bienestar. El presente trabajo, me permite mirar el autocuidado desde una mirada integral, no desde el ideal o estándar impuesto, en el cual solo se habla de conductas encaminadas a la salud o bienestar físico; sino también, a la escucha de las emociones, al reconocimiento y expresión de las mismas. Hoy confirmo que el autocuidado está hecho a la medida de cada persona, al intentar delimitarlo solo a prácticas, estaría acotando su riqueza, pues el autocuidado va más allá de solo prácticas. También me cuestiona, sobre si el empleo del término es “autocuidado”, o podemos hablarlo desde el “cuidado de mí misma”, pues la palabra “autocuidado” pudiera ser entendida y vivida desde una manera individual, de acuerdo con lo explorado y la teoría muchos lo definen operacionalmente con conductas idealizadas que pudieran llevarnos a automatismos, sin experimentar la vivencia del ser. Empiezo a considerar que el termino adecuado sería “cuidado de mí misma” pues su uso engloba a los otros y a lo otro, en co-creación con lo relacional, espiritual, físico y personal. Por hoy, sigo empleando autocuidado desde esta visión integral, reconociendo y dando valor al arraigo y la respiración, como puentes amorosos que me permiten habitarme.

 

Referencias:

  • Bailey Jáuregui Marilenca, El Arraigo en la Psicoterapia Humanista Corporal. Compilación Artículos Vol. 1, págs. 183-208. Cd. De México: IHPG.
  • Bailey Jáuregui,M (2006): La respiración y la consciencia. En: http://www.instituto-intergra.com/artículos/la-respiracion-y-la-consciencia
  • Guerra, C.; Rodríguez, K.; Morales, G.; Betta, R. (2008). Validación preliminar de la escala de conductas de autocuidado para psicólogos clínicos. Psykhe, 17 (2), 67-78.
  • Jürgen, K. (2001). Corrientes fundamentales en psicoterapia. Cap. 5 y 6.
  • Keleman, S (1997) La experiencia Somática. Desclee de Brouwer, España.
  • Lowen, A. (1977). Ejercicios de Bioenergética. Sirio. España.
  • Lowen, A. (1985) “El Lenguaje del Cuerpo”. pp 203- 246 Barcelona: Herder
  • Morales, M.N.G. (2018). Herramientas y estrategias utilizadas para el autocuidado por los psicólogos clínicos guatemaltecos que trabajan como psicoterapeutas. Tesis de licenciatura. Facultad de Humanidades. Universidad Rafael Landívar Guatemala.
  • Oltra, S.El autocuidado, una responsabilidad ética. Rev. GPU 2013; 9(1), 85-90.
  • Sanz, R.F. (2016). El buentrato como proyecto de vida. Kairos: Barcelona, España.
  • Totton, N. (2003). Body Psychotherapy: An Introduction. Open University Press. EUA. Traducción Deborah Meza. Cap. 2
  • Valdés, G.K.P; Gónzalez-Tovar, J.; Hernández, M.A.; Sánchez, L.L.M.(2020). Regulación emocional, autocuidado y burnout en psicólogos clínicos ante el trabajo en casa por confinamiento debido al COVID-19. Revista Colombiana de Salud Ocupacional, 10 (1), e-6430.
  • P. La respiración en la Psicoterapia Humanista Corporal. En: Newsletter Integra, Diciembre 2015, http.//instituto-integra.com/ la respiración en la psicoterapia humanista corporal
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